Añado, Familia, Demasiado

Marina se despidió de su familia en el muelle número once. Como era su número preferido, todos los otoños le gustaba despedirse en el mismo sitio. El conjuro de rigor era el siguiente: “añado un poco de sal, no demasiado, no se vaya a desbordar el mar salado”. En ese momento sus piernas se convertían en cola y se perdía nadando entre las olas hasta las vacaciones de verano. Su madre, desconsolada, se sonaba la nariz mientras le preguntaba con cierto retintín a su marido: “No había más colegios, ¿verdad Manolo?”

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