Imaginarium

Todavía recuerdo la primera vez que entré en Imaginarium. Me encantaba pasear por la puerta y observar las luces, los colores, los juguetes y esas cosas, aunque en el fondo no terminaba de atreverme. A mí me cogió un poco mayor (en mi época no existían este tipo de tiendas) pero en realidad no me importaba porque conseguían hacerme volver a la infancia y olvidar, por un momento, que el tiempo pasa, quizás, demasiado deprisa. Un día me armé de valor, entré por la puerta grande, miré a la dependienta a los ojos y formulé la pregunta: “Por favor, ¿me pone usted una tabla ouija?” La verdad es que no entendí su reacción. La pobre mujer se llevó las manos a la cabeza mientras decía con la voz entrecortada: “Pero, pero… Eso no es un juguete…” Me fui de la tienda triste y apesadumbrada. “Otro sitio donde no la tienen”, pensé… “¡Pues a ver cómo lo solucionamos, porque no hay teléfono en el infierno y cada uno se comunica con sus demonios como le da la gana…”

2 comentarios sobre “Imaginarium

  1. Muy ingenioso, sorprendente y divertido. Eso sí, en mi opinión la frase final queda un poco forzada. Imagino que será por tema de extensión, pues presupongo que es para algún reto o taller y se limitan las palabras. Salvo por eso, el micro es formidable. Un placer leerte.

    Un abrazo.

    P.D.: tras esa petición la dependienta de Imaginarium no volverá a ser la misma seguramente ^^.

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