Escritura, Aceptar, Cinco

Querido diario: Hoy me ha vuelto a pasar. Entro en una especie de trance y empieza la escritura automática. Al final voy a tener que aceptar que tengo el poder de conectar con el otro lado. Cinco años sin Mario y aún me sigue mandando mensajes. Ahora solo tengo que descifrarlos. Básicamente me grita: “¡Pero bueno! ¿Otra vez a oscuras? ¡Enciende la luz! ¡Enciende la luz! Te he dicho mil veces que si te rodeas de luz, lo verás todo mucho más claro.

Estamos, Idea, Vino

La idea no es mía, por supuesto. Se le ocurrió al universo que tiene mucho sentido del humor. Si necesito mi dosis, simplemente doy un trago y sigo adelante. Embotellar el dolor como si fuera un vino de lujo ha sido todo un acierto. Así lo llevo conmigo; a demanda. Solo cuando lo necesito. Ni una gota de más. Ni una de menos. Ahora que ya hemos sanado. Ahora que ya somos libres. Ahora sé que estamos heridos, pero aún no hemos muerto… 

Tramas, Jamás, Trampas

El virus desató la histeria pero no acabó con la civilización, no; eso lo hicimos nosotros mismos. Mientras la humanidad se dejaba derrotar por la desesperanza, los políticos seguían urdiendo sus tramas y poniéndose trampas unos a otros, a costa de la salud pública. De no haber participado en la lucha jamás habría aprendido la lección: el peor enemigo no era el virus, sino la oscuridad que habitaba en nosotros. El virus no hacía falta. Nadie estaba a salvo desde el principio… 

Turistas, Descanso, Caminé

El descanso me vino de maravilla. El hotel espacial estaba muy conseguido pero la gravedad artificial te pasa factura. Nunca imaginé que tendría tanta suerte. Ver el amanecer a quinientos kilómetros de distancia no tiene precio. Me levanté. Preparé café. Leí un rato. Aún no había prisa. A las 12:00 sonó la alarma. Hora del ritual. Me puse los tacones, el uniforme de cuero y caminé hacia el club. Había encontrado mi vocación. Azotar turistas podía ser un trabajo muy gratificante.

Metal, Vestido, Grupo

El grupo salía primero a calentar al público hasta que los gritos alcanzaban el nivel “fervor absoluto”. Solo entonces María pisaba el escenario enfundada en su peculiar vestido negro. La mejor cantante de metal (literalmente) diseñada por los talleres Valltronik@. En el do final su vestido explotaba y se convertía en cientos de cuervos mecánicos, que escapaban volando del teatro. Les dimos la inteligencia pero siguieron a nuestro servicio. Les dimos el arte y dejamos de ser imprescindibles.

Sirena, Hombres, Tenía

La sirena sonaba periódicamente para ayudarla a salir del trance. Los hombres que la observaban se escondían detrás de las luces mientras compartían sus cálculos y anotaciones. Durante un breve instante no tenía ni idea de por qué estaba allí. Le hacían preguntas y más preguntas, pruebas y más pruebas… Luego volvía a dormir. -Un conejo, dos conejos, tres conejos… Entonces lo recordaba: así era como salía y entraba en el País de las Maravillas…

Pie, Rota, Preocupes

—¡Enhorabuena! ¡Está usted muerto!— el suiciditrón se despide siempre cortésmente después de la macabra y dolorosa exhibición de sus habilidades. Cada lunes meto una moneda y contemplo mi futuro próximo y lejano, y mi pasado reciente y mi pasado pasado… La inmortalidad no es el chollo que nos vendieron. No lo es. En absoluto. De momento no te preocupes. Estoy rota, pero sigo en pie. Quizás la solución llegue pronto. Quizás a base de insistir…

Estrellas, Interior, Conducido

Se subió al coche y condujo hacia el interior. Por el camino se hizo de noche. Aparcó y miró el reloj. No tenía la sensación de haber conducido tanto. Caminó unos metros y se sentó donde siempre. Desde allí podía divisarlo todo: las estrellas… La Luna… La Tierra… Marte lo había recibido como uno más, eso estaba bien, pero no podía evitar pensar entre lágrimas que el hogar no está donde uno vive; el hogar está donde el alma se quedó enganchada una vez, para siempre.

Huesos, Volamos, Rugido

—¡Mira, mira! ¡Son huesos de dragón mágico! Primero se sacan de la bolsa y se unen, y si lo haces bien hasta se puede oír su rugido.

—¡Anda! ¡Qué chulos! ¿Seguro que son de dragón? Y, ¿para qué los queremos?

—Pues para volar, ¡claro! Los armamos y volamos.

—¡Claro! ¿Cómo no se me había ocurrido? ¡Me encantaría volar!

—Sí, sí… ¡Te los vendo!

Silencio

Relato finalista en el concurso literario “Silencio” organizado por el escritor Christian Martínez Silva. Bueno, pues aunque no he ganado, ya me habría gustado, creo que el segundo puesto está muy bien. Estoy contenta por la posición y por el relato. A ver qué opináis vosotros 🙂

“En el silencio de la noche los ruidos parecían más fuertes. Venían del otro lado de la puerta. Siempre venían del otro lado de la puerta. La primera vez que los oí, profundamente aterrado, me hice un huequecito en el fondo del armario y me tapé los oídos hasta que cesaron; ahora, desde la perspectiva del tiempo, casi se podría decir que les he cogido cariño. La secuencia no es siempre la misma. Junto con los ruidos, a veces se ven luces, se oyen voces, risas… Su risa… Aquella noche la luz se colaba a través de las rendijas. Miré y lo vi a él… Riendo… No me importa que pertenezca a otro mundo. No me importa que lo nuestro sea imposible. No me importa observarlo desde aquí. Con eso me conformo, ¡porque lo amo! Y es que de vez en cuando, los monstruos del armario también nos enamoramos.”