Silencio

Relato finalista en el concurso literario “Silencio” organizado por el escritor Christian Martínez Silva. Bueno, pues aunque no he ganado, ya me habría gustado, creo que el segundo puesto está muy bien. Estoy contenta por la posición y por el relato. A ver qué opináis vosotros 🙂

“En el silencio de la noche los ruidos parecían más fuertes. Venían del otro lado de la puerta. Siempre venían del otro lado de la puerta. La primera vez que los oí, profundamente aterrado, me hice un huequecito en el fondo del armario y me tapé los oídos hasta que cesaron; ahora, desde la perspectiva del tiempo, casi se podría decir que les he cogido cariño. La secuencia no es siempre la misma. Junto con los ruidos, a veces se ven luces, se oyen voces, risas… Su risa… Aquella noche la luz se colaba a través de las rendijas. Miré y lo vi a él… Riendo… No me importa que pertenezca a otro mundo. No me importa que lo nuestro sea imposible. No me importa observarlo desde aquí. Con eso me conformo, ¡porque lo amo! Y es que de vez en cuando, los monstruos del armario también nos enamoramos.”

PatchWork – Capítulo 1

Hace unas semanas amenacé con escribir un relato por entregas porque me apetecía mucho escribir una historia más larga y más compleja, pero no sabía muy bien qué iba a salir de todo esto. Es la primera vez que me enfrento a otra cosa que no es un microrrelato y bueno, tengo mis limitaciones. Pero tenía la idea en la cabeza, dándome la lata, y al final ha ido saliendo. Espero que os intrigue, que os arranque una sonrisa y que os guste mucho. Estoy abierta a cualquier tipo de feedback, opinión, consejo, etc. Gracias por vuestro tiempo.

La historia empieza así:

Candela bajó del coche y caminó lentamente por la marisma hacia el punto de encuentro. Era muy temprano. Demasiado temprano. La bruma le cubría los pies y la humedad le iba calando el pijama poquito a poco. Al final del camino la esperaba la policía, junto con algunos compañeros de la prensa a los que madrugar, aparentemente, no les costaba tanto trabajo.

La parafernalia que había montado la científica era de película: una carpa, un helicóptero, varios equipos de rastreo y en el centro del cuadro una cajita roja, muy pequeñita, y cuatro señores vestidos de blanco representando una escena más parecida a un Portal de Belén que a la investigación de un crimen.

—¿En serio? ¿Otro dedo?— preguntó.
—En serio. Otro dedo— le confirmaron.

Tres meses antes de la llegada de Candela, alguien había decidido que el pueblo era el sitio ideal para repartir sus pequeñas cajitas macabras. Una cada semana. Una detrás de otra. Como si estuviera intentando enviar un mensaje que no se terminaba de entender y quizás pensó que a base de repetir, por fin se entendería. ¿El resultado hasta la fecha? Trece ejemplares del dedo de la peineta que seguro encerraban algún significado oculto…

La identificación no estaba resultando fácil. Nadie había desaparecido, o al menos nadie lo había denunciado, ninguno estaba fichado, no había coincidencias de huellas ni de ADN y bueno, no es que un dedo sea precisamente el espejo del alma. Lo que sí parecía seguro, después de las primeras investigaciones, es que ninguno era del pueblo.

—¡Hola, Candela! ¿Y el paloselfie? ¿Se te ha olvidado?— intervino brillantemente García, gran policía y mejor persona, pero sobretodo muy “cuñao”.

—No tientes a la suerte, García, o se acabó lo de pasarte LA información…

Desde el primer momento “el de los dedos” había elegido a Candela como su único portavoz. Cada vez que depositaba una nueva cajita, ella recibía una llamada anónima indicando dónde se podía recoger, y esa era LA información que luego le pasaba a García: el denominado “punto de encuentro”. A cambio, recibía todos los avances de la investigación que enviaba puntualmente a su periódico en la ciudad. El caso había alcanzado ya una amplia repercusión internacional y no era raro que los medios de comunicación enviaran a sus mejores influencers a cubrir las noticias… Sí. Influencers… El mundo del periodismo estaba cambiado mucho. García, que era de la vieja escuela en todos los sentidos, no entendía muy bien por qué tenía que aguantar a esa “gente tan moderna” pero para un caso importante que le caía del cielo, se conformaba con que el intercambio de información siguiera funcionando.

—Calla y disimula, que tengo novedades para ti— a García le gustaba hacerse el duro para no levantar sospechas, justo antes de soltarlo todo—: esta vez es diferente, Candela. Dentro de la cajita viene una nota. Trece semanas, ni una sola pista, ¡y por fin una nota!

—¿Una nota? ¿Y qué dice?— preguntó ella impaciente.

—Algo está a punto de pasar. Nos tememos lo peor pero ni idea de qué puede ser, ni de cómo va a ser, ni de cuándo… Por favor, tienes que estar muy atenta a cualquier llamada.

—¿Pero qué dice la nota, García? ¡Habla! ¡Que se me va a salir el corazón por la boca, hombre!

—La nota dice “SOLO UNO MÁS”.