Mecían, Días, Pensar

Hace días que no paro de pensar en que a la niña le pasa algo. Se sienta en la ventana acariciando esa muñeca, mientras murmura una letanía ininteligible que pone los pelos de punta. Hoy le he preguntado por fin; me ha dicho que cuando se mecían las hojas era porque los árboles nos estaban espiando, pero que si ella los vigilaba no se atreverían a hacernos daño. Por eso he decidido no tomarme las pastillas del psiquiatra. Me da miedo que la niña desaparezca y los árboles vengan a buscarme.

Imaginarium

Todavía recuerdo la primera vez que entré en Imaginarium. Me encantaba pasear por la puerta y observar las luces, los colores, los juguetes y esas cosas, aunque en el fondo no terminaba de atreverme. A mí me cogió un poco mayor (en mi época no existían este tipo de tiendas) pero en realidad no me importaba porque conseguían hacerme volver a la infancia y olvidar, por un momento, que el tiempo pasa, quizás, demasiado deprisa. Un día me armé de valor, entré por la puerta grande, miré a la dependienta a los ojos y formulé la pregunta: “Por favor, ¿me pone usted una tabla ouija?” La verdad es que no entendí su reacción. La pobre mujer se llevó las manos a la cabeza mientras decía con la voz entrecortada: “Pero, pero… Eso no es un juguete…” Me fui de la tienda triste y apesadumbrada. “Otro sitio donde no la tienen”, pensé… “¡Pues a ver cómo lo solucionamos, porque no hay teléfono en el infierno y cada uno se comunica con sus demonios como le da la gana…”

El Pasillo

Pocos sitios hay tan inquietantes como el pasillo de un hospital. Tan frío e interminable. Tan suspendido en el tiempo… Tan muerto. A escasos metros el bullicio, las prisas… Aquí la nada…

Treinta y seis vueltas al sol y unos cuantos viajes nos separan. Setenta y dos veranos de este regalo que es la vida; ciento ocho entre los dos. Muy poco. Demasiado poco.

Me guardo cientos de conversaciones especiales que vivirán en mi cabeza hasta que volvamos a vernos. Me quedo solo con lo bueno, porque lo malo nunca ha existido contigo.

Esperaré cualquier señal a este lado del pasillo, mientras vigilo atentamente la entrada. Quizás un día te dé por salir, o a mí me toque atravesarla.

Descanso, Extraña, Suelo

La extraña figura se erguía majestuosa en el centro de la nave industrial. El cuerpo colgaba del techo, los pies apenas rozaban el suelo y las alas se desplegaban en posición de echar a volar. “El Ángel” era un collage de trocitos de persona, cosidos para componer la fantasmagoría que ahora les contemplaba. A los pies, una nota: “Por fin los influencers están reunidos donde merecen. Que el cielo sea vuestro descanso. Alguien tenía que hacerlo”.

Metal, Vestido, Grupo – Versión Extendida

Relato ganador del segundo premio del “Primer Concurso de Microrrelatos” organizado por la revista Litterae 🎉 Ya me diréis 😀

“El grupo salía primero a calentar al público hasta que los gritos alcanzaban el nivel “fervor absoluto”. Solo entonces, María pisaba por fin el escenario enfundada en su peculiar vestido negro. La mejor cantante de metal (literalmente) diseñada en 3102 por los talleres Valltronik@. María amenizaba la velada con su maravillosa voz y dejaba que la performance fuera in crescendo suavemente hasta el do final; en ese preciso instante su vestido explotaba y se convertía en cientos de cuervos mecánicos, que escapaban volando del teatro. El público enloquecía y envuelta en luz y color, la cantante desaparecía del escenario… Les dimos la inteligencia pero siguieron a nuestro servicio. Les dimos el arte y dejamos de ser imprescindibles.”

Metal, Vestido, Grupo

El grupo salía primero a calentar al público hasta que los gritos alcanzaban el nivel “fervor absoluto”. Solo entonces María pisaba el escenario enfundada en su peculiar vestido negro. La mejor cantante de metal (literalmente) diseñada por los talleres Valltronik@. En el do final su vestido explotaba y se convertía en cientos de cuervos mecánicos, que escapaban volando del teatro. Les dimos la inteligencia pero siguieron a nuestro servicio. Les dimos el arte y dejamos de ser imprescindibles.

Sirena, Hombres, Tenía

La sirena sonaba periódicamente para ayudarla a salir del trance. Los hombres que la observaban se escondían detrás de las luces mientras compartían sus cálculos y anotaciones. Durante un breve instante no tenía ni idea de por qué estaba allí. Le hacían preguntas y más preguntas, pruebas y más pruebas… Luego volvía a dormir. -Un conejo, dos conejos, tres conejos… Entonces lo recordaba: así era como salía y entraba en el País de las Maravillas…