El Megáfono

Encendió el megáfono, se lo acercó a la boca y empezó a gritarle a su fotografía: “En lo bueno y en lo malo, ¡gilipollas!”

[Relato publicado por Microcuento.es el 17/06/2019]

Estrellas, Interior, Conducido

Se subió al coche y condujo hacia el interior. Por el camino se hizo de noche. Aparcó y miró el reloj. No tenía la sensación de haber conducido tanto. Caminó unos metros y se sentó donde siempre. Desde allí podía divisarlo todo: las estrellas… La Luna… La Tierra… Marte lo había recibido como uno más, eso estaba bien, pero no podía evitar pensar entre lágrimas que el hogar no está donde uno vive; el hogar está donde el alma se quedó enganchada una vez, para siempre.

Cadena, Primera, Casa

– ¡Cariño, mira! ¿Ves esa casa? ¿La primera de la colina? Cuando yo tenía tu edad la gente decía que estaba encantada… Imagino que lo decían porque la intriga es muy divertida y como no podían saber lo que pasaba dentro… Desde fuera parecía de película de miedo, con esa cadena en la entrada y las torres de ladrillo, tan altas. Ahora parece otra cosa: la nieve en el tejado, las luces, la chimenea encendida… Pero entonces daba muuucho miedo…
– ¡Abuela! ¡Yo creo que están celebrando la Navidad! ¡Como nosotros! ¡Hoy se celebra en tooodo el mundo!
– Sí, cariño, sí. Es que hoy, todas las casas están encantadas…

Balcón, Sentado, Menor

Desde este balcón se controla todo el paseo marítimo. Aquí me siento con mis prismáticos y veo el mar, los barcos, esa chica corriendo, aquel señor sentado… Sin ellos estoy muy solo. No lo saben porque no me conocen, pero me ayudan a llenar este vacío que se me está haciendo ya un poco largo. La soledad no es cosa menor, como diría ese político tan torpe y estrafalario. Me gusta coger trocitos prestados de vuestras vidas para llenar la mía. Ojalá pudiera daros algo a cambio.

Nueve, Vez, Camino

Allí está otra vez, como cada mañana, en el piso número nueve… Se levanta un poco tarde para mi gusto, pero merece la pena. Así me da tiempo a llegar, prepararme un café y sentarme a ver como abre la ventana. El camino no se me hace el mismo y la oficina tampoco, desde que tenemos vecinos. Bueno. Vecino, más bien. No sé por qué me estoy acordando del anuncio aquel de la Coca-Cola Light… ¡Uf! ¡Qué calor! ¡Ya sale! Creo que yo también voy a abrir la ventana…

Calles, Padre, Puerta

Sabía perfectamente que las cosas no le iban bien, que no era demasiado constante, que le gustaba la buena vida… En un solo año había dejado cinco trabajos por razones de lo más variopintas. “Carpe diem” era su filosofía preferida y le encantaba aplicarla. Pasaba el rato deambulando por las calles, a menudo sin rumbo, pero había una certeza en su vida. Solo una: que podía contar con su familia para lo que fuera. Como cada noche volvía a casa, su padre le abría la puerta y lo recibía con un abrazo.

Llamaron, Comprendía, Seguro

Josh vivía atormentado desde hacía años. Nadie sabía lo que le pasaba pero se había vuelto huraño y desconfiado. Antes saludaba siempre, ayudaba a los vecinos, sacaba la basura, pero por alguna razón ya no parecía feliz. Daba la impresión de que no se sentía seguroComprendía que estaba en un lío y que todo se había torcido al final. – ¡Las cosas no tenían que salir así! ¡Mi plan era perfecto! – se decía. De pronto llamaron a la puerta y en segundos todo había terminado. La policía se lo llevó para siempre mientras desenterraban los cuerpos de los niños que estaban en el sótano.

Señora, Leve, Árboles

La vi pasear entre los árboles y tocar el hombro de aquella señora de forma tan leve… Tan compasiva… Siempre me había preguntado cómo sería encontrarme con ella. ¿Me dolería? ¿La sentiría siquiera? Esa mañana iba recorriendo el paseo como una superestrella entre su público, buscando a quién abrazar; a quién llevarse con ella. De pronto pasó delante de mí y me miró a los ojos, pero no me dijo adiós. Solo hasta luego. No sabía que la muerte era tan educada…

Recuerdo, Cuando, Sorprendente

Cuando era pequeña los mayores me parecían muy grandes, el tiempo pasaba lento y me encantaban las tardes de lluvia; recuerdo que olían a chimenea, a libros, a café, a siesta y a besos… A tierra mojada también… Es sorprendente que tanto tiempo después, cuando los de siempre ya no están, pueda seguir sintiendo sus abrazos tan claramente. Quizá la memoria es magia. Quizá nunca se han ido.

Dormir, Justo, Diablo

– ¡Otra noche sin dormir! ¡Joder! – refunfuñaba Sunset como cada mañana desde hacía más de un año. – ¡No es justo! – se decía mientras reunía las fuerzas para salir de la cama y afrontar otro día. Uno más desde aquel golpe de suerte que cambió por completo su vida. – ¿Cuánto más podré seguir así? – se preguntaba la joven estrella del rock, a la vez que escuchaba una vocecilla en su cabeza que le decía: “Es lo que tiene pactar con el Diablo…”