Estrellas, Interior, Conducido

Se subió al coche y condujo hacia el interior. Por el camino se hizo de noche. Aparcó y miró el reloj. No tenía la sensación de haber conducido tanto. Caminó unos metros y se sentó donde siempre. Desde allí podía divisarlo todo: las estrellas… La Luna… La Tierra… Marte lo había recibido como uno más, eso estaba bien, pero no podía evitar pensar entre lágrimas que el hogar no está donde uno vive; el hogar está donde el alma se quedó enganchada una vez, para siempre.

El Adivino

Querido Sr. Dabadá: Llevo recibiendo sus tarjetas muchos años y debo reconocer que al principio no le creía. Me imaginaba que era solo una cuestión publicitaria, que se las enviaba a todo el mundo, y así hemos pasado mucho tiempo: usted insistía, mientras yo me negaba a reconocer su talento. Luego me cambié de casa y ocurrió el milagro. Después de toooda la mudanza, cuando todavía no me escribe nadie a mi nueva dirección, abro esta mañana el buzón y allí estaba su tarjeta. ¡Me ha encontrado! ¡Ha llegado hasta mí! Al final no he tenido más remedio que rendirme a su poder. A ver si va a resultar que, además de pesao, ¡¡¡es usted adivino!!!

Añado, Familia, Demasiado

Marina se despidió de su familia en el muelle número once. Como era su número preferido, todos los otoños le gustaba despedirse en el mismo sitio. El conjuro de rigor era el siguiente: “añado un poco de sal, no demasiado, no se vaya a desbordar el mar salado”. En ese momento sus piernas se convertían en cola y se perdía nadando entre las olas hasta las vacaciones de verano. Su madre, desconsolada, se sonaba la nariz mientras le preguntaba con cierto retintín a su marido: “No había más colegios, ¿verdad Manolo?”