Estrellas, Interior, Conducido

Se subió al coche y condujo hacia el interior. Por el camino se hizo de noche. Aparcó y miró el reloj. No tenía la sensación de haber conducido tanto. Caminó unos metros y se sentó donde siempre. Desde allí podía divisarlo todo: las estrellas… La Luna… La Tierra… Marte lo había recibido como uno más, eso estaba bien, pero no podía evitar pensar entre lágrimas que el hogar no está donde uno vive; el hogar está donde el alma se quedó enganchada una vez, para siempre.

Añado, Familia, Demasiado

Marina se despidió de su familia en el muelle número once. Como era su número preferido, todos los otoños le gustaba despedirse en el mismo sitio. El conjuro de rigor era el siguiente: “añado un poco de sal, no demasiado, no se vaya a desbordar el mar salado”. En ese momento sus piernas se convertían en cola y se perdía nadando entre las olas hasta las vacaciones de verano. Su madre, desconsolada, se sonaba la nariz mientras le preguntaba con cierto retintín a su marido: “No había más colegios, ¿verdad Manolo?”