Pie, Rota, Preocupes

—¡Enhorabuena! ¡Está usted muerto!— el suiciditrón se despide siempre cortésmente después de la macabra y dolorosa exhibición de sus habilidades. Cada lunes meto una moneda y contemplo mi futuro próximo y lejano, y mi pasado reciente y mi pasado pasado… La inmortalidad no es el chollo que nos vendieron. No lo es. En absoluto. De momento no te preocupes. Estoy rota, pero sigo en pie. Quizás la solución llegue pronto. Quizás a base de insistir…

Canciones, Felicidad, Trabajar

Después de las explosiones, la gente dio por hecho que había llegado el final. La desconexión digital se produjo de golpe y la mayoría, que era muy joven, no recordaba la vida antes de internet. En pleno apocalipsis los mayores se convirtieron en la memoria de los demás: les contaban historias antiguas, les enseñaban canciones a los niños y bueno, aunque había que trabajar mucho, incluso en las condiciones más adversas, la felicidad siempre terminaba encontrando el camino.

PatchWork – Capítulo 1

Hace unas semanas amenacé con escribir un relato por entregas porque me apetecía mucho escribir una historia más larga y más compleja, pero no sabía muy bien qué iba a salir de todo esto. Es la primera vez que me enfrento a otra cosa que no es un microrrelato y bueno, tengo mis limitaciones. Pero tenía la idea en la cabeza, dándome la lata, y al final ha ido saliendo. Espero que os intrigue, que os arranque una sonrisa y que os guste mucho. Estoy abierta a cualquier tipo de feedback, opinión, consejo, etc. Gracias por vuestro tiempo.

La historia empieza así:

Candela bajó del coche y caminó lentamente por la marisma hacia el punto de encuentro. Era muy temprano. Demasiado temprano. La bruma le cubría los pies y la humedad le iba calando el pijama poquito a poco. Al final del camino la esperaba la policía, junto con algunos compañeros de la prensa a los que madrugar, aparentemente, no les costaba tanto trabajo.

La parafernalia que había montado la científica era de película: una carpa, un helicóptero, varios equipos de rastreo y en el centro del cuadro una cajita roja, muy pequeñita, y cuatro señores vestidos de blanco representando una escena más parecida a un Portal de Belén que a la investigación de un crimen.

—¿En serio? ¿Otro dedo?— preguntó.
—En serio. Otro dedo— le confirmaron.

Tres meses antes de la llegada de Candela, alguien había decidido que el pueblo era el sitio ideal para repartir sus pequeñas cajitas macabras. Una cada semana. Una detrás de otra. Como si estuviera intentando enviar un mensaje que no se terminaba de entender y quizás pensó que a base de repetir, por fin se entendería. ¿El resultado hasta la fecha? Trece ejemplares del dedo de la peineta que seguro encerraban algún significado oculto…

La identificación no estaba resultando fácil. Nadie había desaparecido, o al menos nadie lo había denunciado, ninguno estaba fichado, no había coincidencias de huellas ni de ADN y bueno, no es que un dedo sea precisamente el espejo del alma. Lo que sí parecía seguro, después de las primeras investigaciones, es que ninguno era del pueblo.

—¡Hola, Candela! ¿Y el paloselfie? ¿Se te ha olvidado?— intervino brillantemente García, gran policía y mejor persona, pero sobretodo muy “cuñao”.

—No tientes a la suerte, García, o se acabó lo de pasarte LA información…

Desde el primer momento “el de los dedos” había elegido a Candela como su único portavoz. Cada vez que depositaba una nueva cajita, ella recibía una llamada anónima indicando dónde se podía recoger, y esa era LA información que luego le pasaba a García: el denominado “punto de encuentro”. A cambio, recibía todos los avances de la investigación que enviaba puntualmente a su periódico en la ciudad. El caso había alcanzado ya una amplia repercusión internacional y no era raro que los medios de comunicación enviaran a sus mejores influencers a cubrir las noticias… Sí. Influencers… El mundo del periodismo estaba cambiado mucho. García, que era de la vieja escuela en todos los sentidos, no entendía muy bien por qué tenía que aguantar a esa “gente tan moderna” pero para un caso importante que le caía del cielo, se conformaba con que el intercambio de información siguiera funcionando.

—Calla y disimula, que tengo novedades para ti— a García le gustaba hacerse el duro para no levantar sospechas, justo antes de soltarlo todo—: esta vez es diferente, Candela. Dentro de la cajita viene una nota. Trece semanas, ni una sola pista, ¡y por fin una nota!

—¿Una nota? ¿Y qué dice?— preguntó ella impaciente.

—Algo está a punto de pasar. Nos tememos lo peor pero ni idea de qué puede ser, ni de cómo va a ser, ni de cuándo… Por favor, tienes que estar muy atenta a cualquier llamada.

—¿Pero qué dice la nota, García? ¡Habla! ¡Que se me va a salir el corazón por la boca, hombre!

—La nota dice “SOLO UNO MÁS”.

2019

Me encanta esta ciudad porque aquí el invierno es cálido. No me gusta el frío; no demasiado. Pero aquí se está bien. La superpoblación alcanza cotas muy altas y la contaminación llega a todos los rincones. Eso es malo, aunque en comparación con el resto del planeta, este es un buen sitio donde vivir.

De vez en cuando me gusta coger el coche y sobrevolar el centro para ver las luces nocturnas. Es como tener alumbrado de Navidad todo el año. A la gente le gusta pensar que no siento nada, que no tengo emociones pero, ¡oh las luces! Si es verdad que no soy capaz de sentir, esto debe ser lo más parecido. A simple vista no creo que noten nada. En el fondo tampoco somos muy diferentes… Bueno, ellos suelen compartir su vida con una especie de estructura poli-individual a la que llaman familia. Yo nunca tendré ese tipo de compañía pero soy capaz de manipular mis recuerdos a voluntad y eso me ayuda a mantener la cordura: reviso, quito, añado, corto y pego. Me actualizo una y otra vez, y aún así soy más humana que la mayoría de los humanos que conozco.

Dos mil diecinueve será mi año y veré cosas que no creerías…

¿Sabes ya quién soy?

Cadena, Primera, Casa

– ¡Cariño, mira! ¿Ves esa casa? ¿La primera de la colina? Cuando yo tenía tu edad la gente decía que estaba encantada… Imagino que lo decían porque la intriga es muy divertida y como no podían saber lo que pasaba dentro… Desde fuera parecía de película de miedo, con esa cadena en la entrada y las torres de ladrillo, tan altas. Ahora parece otra cosa: la nieve en el tejado, las luces, la chimenea encendida… Pero entonces daba muuucho miedo…
– ¡Abuela! ¡Yo creo que están celebrando la Navidad! ¡Como nosotros! ¡Hoy se celebra en tooodo el mundo!
– Sí, cariño, sí. Es que hoy, todas las casas están encantadas…

Llamo, Necesario, Trozo

¡Perdona si te llamo “amor”! Cómplice necesario de mis noches en vela. Trozo imprescindible de mi alma vacía, que solo se llena contigo.

¡Perdona si te llamo “amor”! Artífice único de nuestros errores perfectos. Víctima indefensa de mis aciertos fuera de contexto.

Agente del caos. Ángel caído. Compañero.

Contigo, Síntoma, Referencias

Como dice la canción, “a veces te mataría; otras, en cambio, te quiero comer”. Como declaración de amor no está mal, aunque ambas opciones vienen a decir que acabaría contigo… Si Freud levantara la cabeza… Pero no soy yo. Eres TÚ. Eso lo tengo claro. Y este vacío es el síntoma de que no tengo más para ti. Y si me preguntan diré que eres maravilloso, no podría decir otra cosa; pero si volviéramos a empezar te juro que pediría referencias.