Antes, Pecado, Aunque

Te observo entre las hojas del árbol sagrado; escucho tu risa en el viento y saboreo en mi mente el fruto prohibido – que algún día sueño devorar contigo. Aunque luego el desamor sea eterno, hoy quiero cerrar la puerta para que la pasión no escape; quiero remendar con tus besos mi alma despellejada y hablarte de frente, por fin, con mi voz de serpiente, para susurrarte al oído, que antes prefiero el pecado si es contigo, que ahogarme yo sola en mi propio veneno.

Turistas, Descanso, Caminé

El descanso me vino de maravilla. El hotel espacial estaba muy conseguido pero la gravedad artificial te pasa factura. Nunca imaginé que tendría tanta suerte. Ver el amanecer a quinientos kilómetros de distancia no tiene precio. Me levanté. Preparé café. Leí un rato. Aún no había prisa. A las 12:00 sonó la alarma. Hora del ritual. Me puse los tacones, el uniforme de cuero y caminé hacia el club. Había encontrado mi vocación. Azotar turistas podía ser un trabajo muy gratificante.

Mecían, Días, Pensar

Hace días que no paro de pensar en que a la niña le pasa algo. Se sienta en la ventana acariciando esa muñeca, mientras murmura una letanía ininteligible que pone los pelos de punta. Hoy le he preguntado por fin; me ha dicho que cuando se mecían las hojas era porque los árboles nos estaban espiando, pero que si ella los vigilaba no se atreverían a hacernos daño. Por eso he decidido no tomarme las pastillas del psiquiatra. Me da miedo que la niña desaparezca y los árboles vengan a buscarme.

Imaginarium

Todavía recuerdo la primera vez que entré en Imaginarium. Me encantaba pasear por la puerta y observar las luces, los colores, los juguetes y esas cosas, aunque en el fondo no terminaba de atreverme. A mí me cogió un poco mayor (en mi época no existían este tipo de tiendas) pero en realidad no me importaba porque conseguían hacerme volver a la infancia y olvidar, por un momento, que el tiempo pasa, quizás, demasiado deprisa. Un día me armé de valor, entré por la puerta grande, miré a la dependienta a los ojos y formulé la pregunta: “Por favor, ¿me pone usted una tabla ouija?” La verdad es que no entendí su reacción. La pobre mujer se llevó las manos a la cabeza mientras decía con la voz entrecortada: “Pero, pero… Eso no es un juguete…” Me fui de la tienda triste y apesadumbrada. “Otro sitio donde no la tienen”, pensé… “¡Pues a ver cómo lo solucionamos, porque no hay teléfono en el infierno y cada uno se comunica con sus demonios como le da la gana…”

Metal, Vestido, Grupo – Versión Extendida

Relato ganador del segundo premio del “Primer Concurso de Microrrelatos” organizado por la revista Litterae 🎉 Ya me diréis 😀

“El grupo salía primero a calentar al público hasta que los gritos alcanzaban el nivel “fervor absoluto”. Solo entonces, María pisaba por fin el escenario enfundada en su peculiar vestido negro. La mejor cantante de metal (literalmente) diseñada en 3102 por los talleres Valltronik@. María amenizaba la velada con su maravillosa voz y dejaba que la performance fuera in crescendo suavemente hasta el do final; en ese preciso instante su vestido explotaba y se convertía en cientos de cuervos mecánicos, que escapaban volando del teatro. El público enloquecía y envuelta en luz y color, la cantante desaparecía del escenario… Les dimos la inteligencia pero siguieron a nuestro servicio. Les dimos el arte y dejamos de ser imprescindibles.”

Huesos, Volamos, Rugido

—¡Mira, mira! ¡Son huesos de dragón mágico! Primero se sacan de la bolsa y se unen, y si lo haces bien hasta se puede oír su rugido.

—¡Anda! ¡Qué chulos! ¿Seguro que son de dragón? Y, ¿para qué los queremos?

—Pues para volar, ¡claro! Los armamos y volamos.

—¡Claro! ¿Cómo no se me había ocurrido? ¡Me encantaría volar!

—Sí, sí… ¡Te los vendo!

El Otro Lado

El silencio blanco y profundo del sanatorio empezaba a ser agobiante cuando, de repente, la hipnomáquina se encendió otra vez. Para eso la habían traído; para entrar en funcionamiento ante cualquier indicio de que el sujeto pudiera estar despertando. A veces lo dormía solo unos minutos; a veces los minutos se convertían en largas horas de ruiditos, registros y medidas. La enfermedad avanzaba tan lentamente que todos confiaban en su recuperación, aunque tampoco por ello había que bajar la guardia. “Nunca se sabe…”, decía el sanador jefe. “Nunca se sabe…”.

La investigación telepática había descartado la intervención de terceros. Era inútil buscar culpables; no los había. Ni siquiera el propio sujeto había tenido nada que ver. Simplemente, a veces, los dioses también se estropeaban.

La máquina recreaba en la cabeza de Narciso las mismas imágenes una y otra vez… Y otra… Y otra más… Según los expertos, revivir el trauma era la mejor terapia para traerlo de vuelta. “El espejo…”, parecía decir entre sueños. “El espejo…”. Atrapado en su propio reflejo, la enfermedad no consistía en desear lo que veía; consistía en no poder darse cuenta de que El Otro Lado no era más que el reflejo de este.

Sueño, Millones, Cada

“Yo nunca sueño”, me dices. ¡Pues qué pena! Porque vivir es soñar y yo sí que sueño. Yo sueño sueños, así, transitivamente. Yo sueño cada día, y sueño millones de sueños. Yo imagino, yo hago planes, yo anhelo… Yo compongo y recompongo mi vida, una y otra vez, precisamente porque sueño. Tú sonríes de medio lado y miras por encima del hombro con la mente en blanco. “Yo nunca sueño”, me dices… ¡Pues qué pena!… Tú solo cierras los ojos…

[Los que me siguen ya lo saben: soy “adicta” al Reto 5 Líneas de Adella Brac. En alguna ocasión hemos comentado en qué consiste pero por si queréis leer más os dejo el enlace a otra entrada, donde tenéis toda la información:
https://letracuadrado.wordpress.com/2019/01/16/reto-5-lineas-2019/

Además, si te suscribes a su lista de correo recibirás las 3 palabras de cada mes unos días antes de que se publiquen, pero no te vengas arriba, como me ha pasado a mí, porque son secretas… Así que shhhh… ¡Este mes han sido más que inspiradoras! ¡Este es mi relato!

Espero que os guste].

Sensación, Aguantar, Malos

Durante años le contaron que su sitio estaba en la torre, que tenía que quedarse a esperar, que no podía salir sola. Le llenaron la cabeza con ideas sobre príncipes valientes y princesas desvalidas; sobre hombres poderosos y mujeres serviles; sobre aguantar lo que fuera (los malos humos y los buenos) sin defenderse, a ser posible. Tenía la princesa la sensación de que por ser mujer estaba incompleta y decidió seguir esperando. Su gran error fue creerse que tenían que venir a rescatarla.

Tiempo De Descuento

La vi pasar entre los árboles y tocar el hombro de aquella señora tan leve y compasivamente, pero tan segura de sí misma… Al principio no la reconocí, aunque la verdad es que había que fijarse muy poco para saber quién era. Se movía con ese aire de superioridad que tienen las madrastras de los cuentos, las hechiceras malintencionadas, los que confían en que te pueden y los que están seguros de que un día saldarán cuentas contigo… Extraña sensación la de vivir toda una vida con la única certeza de que le perteneces solo a ella.

Siempre me había preguntado cómo sería nuestro encuentro final. ¿La vería venir? ¿La sentiría siquiera? Esa tarde iba recorriendo el parque de un lado a otro buscando a quién abrazar, a quién llevarse con ella… Me recordaba mucho a esa presentadora que micrófono en mano, caminaba entre el público a ver a quién le daba “la sorpresa”. ¡Qué tensión!

El paseo no le duró demasiado; cuando encontró la compañía que buscaba la envolvió con cadenas y la acogió bajo su manto hasta que desapareció. Como si fuera un truco de magia. Ahora estás, ahora ya no estás. Así de simple…

Miré a mi alrededor extrañada. Nadie parecía haberse percatado de su presencia; nadie daba muestras de que semejante aparición estuviera paseándose a plena luz entre mortales indefensos. Cuentan las historias de miedo que la gente empieza a ver cosas raras cuando el gran momento está cerca, y yo la estaba viendo… ¡Pues maldita la gracia!

Cuando llegó a mi altura se paró delante, me miró a los ojos durante un breve instante, que se me hizo eterno, y finalmente dijo “hasta luego”. Habría preferido que dijera adiós, sinceramente, pero tampoco es que sea tan importante. Total, tarde o temprano… A continuación emprendió tranquilamente el camino de regreso, a saber a dónde, mientras tarareaba para sí una cancioncilla la mar de inquietante:

Llego de noche,

Llego de día.

No hay tiempo en la muerte.

¿Eres rico?

¿Eres pobre?

No hay dinero en la muerte.

Vives de prestado en tiempo de descuento.

Al final, nadie escapa a mis abrazos.