Mecían, Días, Pensar

Hace días que no paro de pensar en que a la niña le pasa algo. Se sienta en la ventana acariciando esa muñeca, mientras murmura una letanía ininteligible que pone los pelos de punta. Hoy le he preguntado por fin; me ha dicho que cuando se mecían las hojas era porque los árboles nos estaban espiando, pero que si ella los vigilaba no se atreverían a hacernos daño. Por eso he decidido no tomarme las pastillas del psiquiatra. Me da miedo que la niña desaparezca y los árboles vengan a buscarme.

Imaginarium

Todavía recuerdo la primera vez que entré en Imaginarium. Me encantaba pasear por la puerta y observar las luces, los colores, los juguetes y esas cosas, aunque en el fondo no terminaba de atreverme. A mí me cogió un poco mayor (en mi época no existían este tipo de tiendas) pero en realidad no me importaba porque conseguían hacerme volver a la infancia y olvidar, por un momento, que el tiempo pasa, quizás, demasiado deprisa. Un día me armé de valor, entré por la puerta grande, miré a la dependienta a los ojos y formulé la pregunta: “Por favor, ¿me pone usted una tabla ouija?” La verdad es que no entendí su reacción. La pobre mujer se llevó las manos a la cabeza mientras decía con la voz entrecortada: “Pero, pero… Eso no es un juguete…” Me fui de la tienda triste y apesadumbrada. “Otro sitio donde no la tienen”, pensé… “¡Pues a ver cómo lo solucionamos, porque no hay teléfono en el infierno y cada uno se comunica con sus demonios como le da la gana…”

Descanso, Extraña, Suelo

La extraña figura se erguía majestuosa en el centro de la nave industrial. El cuerpo colgaba del techo, los pies apenas rozaban el suelo y las alas se desplegaban en posición de echar a volar. “El Ángel” era un collage de trocitos de persona, cosidos para componer la fantasmagoría que ahora les contemplaba. A los pies, una nota: “Por fin los influencers están reunidos donde merecen. Que el cielo sea vuestro descanso. Alguien tenía que hacerlo”.

Pie, Rota, Preocupes

—¡Enhorabuena! ¡Está usted muerto!— el suiciditrón se despide siempre cortésmente después de la macabra y dolorosa exhibición de sus habilidades. Cada lunes meto una moneda y contemplo mi futuro próximo y lejano, y mi pasado reciente y mi pasado pasado… La inmortalidad no es el chollo que nos vendieron. No lo es. En absoluto. De momento no te preocupes. Estoy rota, pero sigo en pie. Quizás la solución llegue pronto. Quizás a base de insistir…

Silencio

Relato finalista en el concurso literario “Silencio” organizado por el escritor Christian Martínez Silva. Bueno, pues aunque no he ganado, ya me habría gustado, creo que el segundo puesto está muy bien. Estoy contenta por la posición y por el relato. A ver qué opináis vosotros 🙂

“En el silencio de la noche los ruidos parecían más fuertes. Venían del otro lado de la puerta. Siempre venían del otro lado de la puerta. La primera vez que los oí, profundamente aterrado, me hice un huequecito en el fondo del armario y me tapé los oídos hasta que cesaron; ahora, desde la perspectiva del tiempo, casi se podría decir que les he cogido cariño. La secuencia no es siempre la misma. Junto con los ruidos, a veces se ven luces, se oyen voces, risas… Su risa… Aquella noche la luz se colaba a través de las rendijas. Miré y lo vi a él… Riendo… No me importa que pertenezca a otro mundo. No me importa que lo nuestro sea imposible. No me importa observarlo desde aquí. Con eso me conformo, ¡porque lo amo! Y es que de vez en cuando, los monstruos del armario también nos enamoramos.”