Turistas, Descanso, Caminé

El descanso me vino de maravilla. El hotel espacial estaba muy conseguido pero la gravedad artificial te pasa factura. Nunca imaginé que tendría tanta suerte. Ver el amanecer a quinientos kilómetros de distancia no tiene precio. Me levanté. Preparé café. Leí un rato. Aún no había prisa. A las 12:00 sonó la alarma. Hora del ritual. Me puse los tacones, el uniforme de cuero y caminé hacia el club. Había encontrado mi vocación. Azotar turistas podía ser un trabajo muy gratificante.

Mecían, Días, Pensar

Hace días que no paro de pensar en que a la niña le pasa algo. Se sienta en la ventana acariciando esa muñeca, mientras murmura una letanía ininteligible que pone los pelos de punta. Hoy le he preguntado por fin; me ha dicho que cuando se mecían las hojas era porque los árboles nos estaban espiando, pero que si ella los vigilaba no se atreverían a hacernos daño. Por eso he decidido no tomarme las pastillas del psiquiatra. Me da miedo que la niña desaparezca y los árboles vengan a buscarme.

Descanso, Extraña, Suelo

La extraña figura se erguía majestuosa en el centro de la nave industrial. El cuerpo colgaba del techo, los pies apenas rozaban el suelo y las alas se desplegaban en posición de echar a volar. “El Ángel” era un collage de trocitos de persona, cosidos para componer la fantasmagoría que ahora les contemplaba. A los pies, una nota: “Por fin los influencers están reunidos donde merecen. Que el cielo sea vuestro descanso. Alguien tenía que hacerlo”.

Canciones, Felicidad, Trabajar

Después de las explosiones, la gente dio por hecho que había llegado el final. La desconexión digital se produjo de golpe y la mayoría, que era muy joven, no recordaba la vida antes de internet. En pleno apocalipsis los mayores se convirtieron en la memoria de los demás: les contaban historias antiguas, les enseñaban canciones a los niños y bueno, aunque había que trabajar mucho, incluso en las condiciones más adversas, la felicidad siempre terminaba encontrando el camino.

Añado, Familia, Demasiado

Marina se despidió de su familia en el muelle número once. Como era su número preferido, todos los otoños le gustaba despedirse en el mismo sitio. El conjuro de rigor era el siguiente: “añado un poco de sal, no demasiado, no se vaya a desbordar el mar salado”. En ese momento sus piernas se convertían en cola y se perdía nadando entre las olas hasta las vacaciones de verano. Su madre, desconsolada, se sonaba la nariz mientras le preguntaba con cierto retintín a su marido: “No había más colegios, ¿verdad Manolo?”

2019

Me encanta esta ciudad porque aquí el invierno es cálido. No me gusta el frío; no demasiado. Pero aquí se está bien. La superpoblación alcanza cotas muy altas y la contaminación llega a todos los rincones. Eso es malo, aunque en comparación con el resto del planeta, este es un buen sitio donde vivir.

De vez en cuando me gusta coger el coche y sobrevolar el centro para ver las luces nocturnas. Es como tener alumbrado de Navidad todo el año. A la gente le gusta pensar que no siento nada, que no tengo emociones pero, ¡oh las luces! Si es verdad que no soy capaz de sentir, esto debe ser lo más parecido. A simple vista no creo que noten nada. En el fondo tampoco somos muy diferentes… Bueno, ellos suelen compartir su vida con una especie de estructura poli-individual a la que llaman familia. Yo nunca tendré ese tipo de compañía pero soy capaz de manipular mis recuerdos a voluntad y eso me ayuda a mantener la cordura: reviso, quito, añado, corto y pego. Me actualizo una y otra vez, y aún así soy más humana que la mayoría de los humanos que conozco.

Dos mil diecinueve será mi año y veré cosas que no creerías…

¿Sabes ya quién soy?

Cadena, Primera, Casa

– ¡Cariño, mira! ¿Ves esa casa? ¿La primera de la colina? Cuando yo tenía tu edad la gente decía que estaba encantada… Imagino que lo decían porque la intriga es muy divertida y como no podían saber lo que pasaba dentro… Desde fuera parecía de película de miedo, con esa cadena en la entrada y las torres de ladrillo, tan altas. Ahora parece otra cosa: la nieve en el tejado, las luces, la chimenea encendida… Pero entonces daba muuucho miedo…
– ¡Abuela! ¡Yo creo que están celebrando la Navidad! ¡Como nosotros! ¡Hoy se celebra en tooodo el mundo!
– Sí, cariño, sí. Es que hoy, todas las casas están encantadas…